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Correr, una forma de meditar
Juan Vidal [ Ver Perfil ]
El estilo de vida actual requiere que cuidemos de nuestro cuerpo y nuestra mente por igual. De ahí la importancia del ejercicio físico por una parte y de la meditación por otra.

Los corredores suelen hablar de que correr es como un bálsamo, una forma de navegar a través de sus problemas, de escapar del pensamiento negativo o de superar demonios personales. Más allá de la necesidad de hacer ejercicio físico, incluso de superarse físicamente surge la necesidad de superarse emocionalmente. Si puedo con esto, puedo con todo.

Correr es un movimiento rítmico y natural que permite que la energía fluya por nuestro cuerpo y se trasforme en movimiento. De esta manera, en vez de utilizar dicha energía en darle vueltas a los pensamientos y las emociones negativas la gastamos en una actividad que es capaz de estimular mucho y bien nuestro sistema nervioso y endocrino. Así, una vez que hemos liberado de energía a las emociones negativas nos será mucho más fácil trabajar con ellas: recoger la información que nos tienen que comunicar y dejarlas a un lado.

Resulta que, cuando correr estimula la meditación, cuerpo y mente se vuelven más fuertes. En este sentido, un estudio de 2016 publicado en Translational Psychiatry encontró que la combinación de meditación dirigida con correr o caminar redujo los síntomas de la depresión en un 40 por ciento para los participantes que había recibido dicho diagnostico antes de comenzar el estudio.

La clave para todo esto es que correr facilita el enfoque de la atención, especialmente cuando llevamos un tiempo practicando la carrera a pie y nuestros movimientos se automatizan y el grado de sufrimiento se vuelve mucho más controlable. Damos lugar a una especie de hipnosis que nos reconforta por dentro.

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